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Que hablando se entiende la gente es algo que muchos tenemos profundamente arraigado, creemos en el valor del diálogo, de la conversación y de la argumentación, para llegar a acuerdos que eviten enfrentamientos.
En cambio el actual Gobierno no cree en ello, dicen que sí, que todas sus reformas se harán por consenso, pero en el último decreto publicado, el de la reforma laboral, han dado un estoque de muerte a la negociación colectiva.

Con la nueva reforma, como a buen seguro ya sabrán a estas alturas, los convenios sólo serán válidos durante dos años una vez expirada su vigencia, después se extinguirán sus efectos, y los trabajadores perderán los derechos adquiridos en dicho convenio, a menos que se firme uno nuevo.
En el anterior sistema, los convenios expirados seguían vigentes hasta que se firmara uno nuevo, de esta manera, los convenios colectivos casi nunca iban a peor en derechos para los trabajadores, ya que si no te convencían las condiciones que ofertaba la empresa, siempre podías quedarte con el convenio que ya tenías.

La medida se ha tomado para “agilizar las negociaciones”, es fácil imaginar las condiciones que van a ofrecer las empresas a los trabajadores cuando se empiecen a negociar los nuevos convenios: esto es lo que hay, y o lo coges, o pierdes todo lo que tienes cuando expire el plazo… bonita forma de propiciar el diálogo, sí señor.

No obstante, y para prevenir que algún empresario despistado firme lo que no debe, el decreto incluye la posibilidad de que las empresas se “descuelguen” de forma unilateral de una parte del convenio que no les guste (que ya hay que ser torpe para haberlo firmado, digo yo, con el poder de veto que se les otorga en la negociación).

Y pienso yo, si se otorga a una de las partes el poder de veto en la negociación, y además, la facultad de no aplicar lo pactado una vez que ya se ha firmado… ¿para qué se mantiene la pantomima de la negociación?, ah ya, claro, que queda muy feo cargársela directamente.

Hay una corriente de opinión, que ya me han expresado varias personas, en el sentido de que es bueno que se fomente la negociación directa entre el empresario y el trabajador, en vez de entre la empresa y los sindicatos… a ver angelitos, ¿a vosotros no os enseñaron la fábula de la ramita que estando sola que se rompe fácil, pero que cuando es un haz de ramas es imposible de romper?.
Figuraos, si resulta difícil sacar buenas condiciones laborales a través de un sindicato, ¿qué vas a conseguir tú, como individuo, negociando directamente con tu empleador?, ¿qué fuerza vas a esgrimir?.

Es evidente que al empresario le interesa fomentar el individualismo y la competencia entre sus trabajadores, no hace falta ser muy avispado para darse cuenta de que, si nos peleamos entre nosotros en vez de cooperar, podrán imponernos condiciones mucho más beneficiosas para la empresa: nuestra fuerza reside en el número, y sólo saldremos con bien de ésta si somos capaces de permanecer unidos, de ser solidarios y de anteponer el grupo a nuestros intereses individuales.

Raúl Martín Fernández

 

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