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Parece que es tiempo de mudanza en Europa, las próximas elecciones presidenciales francesas podrían dejar a Sarkozy sin su alojamiento en el Eliseo, y el principal aspirante a sustituirlo es Hollande, el candidato de la coalición entre el Partido Socialista y el Partido Radical de Izquierda, quien cuenta con una gran aceptación popular tras ser designado en unas primarias abiertas a toda la ciudadanía.

Este hecho, normal en el contexto de una democracia parlamentaria, parece sin embargo que está poniendo muy nerviosos a los países de mayor peso en la UE, todos ellos gobernados por partidos de corte conservador neoliberal. Así, la canciller Merkel habría conseguido un compromiso de Italia, España y el Reino Unido para que hagan el vacío a Hollande, entorpeciendo en la medida de lo posible su campaña (nos queda la esperanza de que esta actitud, por torpe, tenga precisamente el efecto contrario).

¿Por qué tanto interés en impedir que Hollande llegue a la presidencia de la República?, está claro que Merkel, de la que parte la iniciativa, lo ve como una potencial amenaza.
La Unión Europea se construye en torno al acuerdo entre Francia y Alemania, que después de tres sangrientas guerras a cada cual más destructiva, deciden cooperar, y actuando unidos evitar los roces que condujeron a los enfrentamientos. Esta es la explicación histórica de porque el eje francoalemán dirige Europa: es el acuerdo fundacional, ellos lo diseñaron para que funcionara así.

Merkel ha podido imponer sus brutales políticas neoliberales al conjunto de la Unión gracias a la aquiescencia de Sarkozy, ya que ambos son de la línea dura de la derecha europea, por lo tanto sabe que el relevo por un socialdemócrata puede suponer un freno a sus planes.
Ahora que la ola conservadora se ha extendido por los países con más peso económico de la UE, dominando el Reino Unido, Italia y España, todos estos dirigentes junto a la propia Merkel ven una amenaza clara: si Hollande se enfrenta a Merkel, la UE no seguirá dictando las mismas medidas económicas (sin el acuerdo de Francia, nada se va a mover, porque si no la Unión salta por los aires), y si la UE no dicta las duras medidas de ajuste como lo viene haciendo, se quedan sin coartada.

Porque al final todo se reduce a un juego de justificaciones, en realidad los gobiernos conservadores están encantados de aplicar los recortes al estado social: en el fondo nunca creyeron en él. Pero como es muy apreciado por la población, necesitan una excusa, y el “nos lo exige Europa” viene que ni pintado… ¿qué harán si se quedan sin esa coartada?, es un escenario que les da pavor.

Por lo tanto si Hollande gana, y se atreve a encararse a Merkel y los neoliberales que gobiernan Europa (todo indica que sí, porque se las trae tiesas con todos ellos), será una auténtica convulsión en la política europea, de la que el dirigente francés saldrá reforzado como líder de la izquierda continental, porque una vez abierta la brecha muchos le seguirán en ese camino.

Lo más triste desde el punto de vista español es que ese papel estaba reservado para Zapatero, tuvo en la mano convertirse en el primero que desafiara a la ortodoxia y rompiera la baraja, pero en el último momento no se atrevió.

¿Será éste por lo tanto el inicio del fin del ciclo neoliberal en Europa?, el nerviosismo de los dirigentes nos invita a pensar que así puede ser. Saldremos de dudas en apenas un par de meses, tras las elecciones francesas.

Raúl Martín Fernández

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