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Resulta difícil escribir estos días, y no precisamente por falta de temas, sino por todo lo contrario, por el aluvión de noticias desasosegantes.
Cada día, cuando se enciende la radio a modo de despertador, uno ya no sabe si taparse la cabeza con la almohada o salir corriendo a refugiarse debajo de la ducha… lo que sea con tal de no escuchar la última ocurrencia del Gobierno.

La sensación es tenebrosa, caminamos con paso decidido hacia el precipicio, y o a la gente ya le da igual, o han asumido que nos vamos a despeñar, como si de un destino inevitable se tratase: de tanto repetirles que solo hay un camino han terminado por creerselo, y aceptan todas las salvajadas del Gobierno con resignación porque “es lo que toca y no hay otra solución”.

Si en realidad no hay otra solución, si no hay alternativa ni otro camino posible… ¿para qué nos molestamos en mantener la mascarada democrática?, es carísima, con sus parlamentos, órganos de control y elecciones. ¿Es solo una farsa para mantener a la gente entretenida o en realidad hay más de una forma de encarar los problemas?.

Mucha gente les dirá que es una farsa, que todos los políticos son iguales y que harán exactamente lo mismo cuando lleguen al poder. Pero ojo, si logran alargar la conversación, la mayoría de esas personas les acabará confesando que participan en los procesos electorales, y que votan conservador. ¿Por qué, si consideran que todos los políticos son iguales?, bien, ese es un misterio que aún no he logrado desentrañar… lo que está claro es que no se creen sus propias palabras, o al menos no del todo.

Otros creemos que la solución está en nuestras manos, siempre que no nos quedemos en casa, resignados y apabullados por la magnitud de lo que se nos viene encima. La acción política tiene que ser más decisiva que nunca, pero para lograr que nuestras ideas lleguen a la calle, y al interior de los partidos, no podemos quedarnos quietos.
Es la hora de movilizarse, del activismo político: porque política no es solo la que hace un tipo que se embolsa tropecientos euros al mes y no se baja del coche oficial, que de esos también hay.
Política también es que nos reunamos en una plaza a hablar de lo que nos afecta, y la gente ya lo ha hecho. Pero si se quiere que el movimiento sea efectivo, que no se quede en flor de un día, hay que darle continuidad, y para eso, el mejor y más efectivo instrumento que tenemos en la actualidad son los partidos políticos.

Por eso, desde esta humilde página, os animo a que os involucréis, a que os acerquéis al partido que más refleje vuestras inquietudes y empecéis a participar y colaborar. Las cosas puede que avancen lentas, puede que parezca que no se mueven, pero eso pasa en cualquier colectivo: hay que organizarse y hablar, convencer y persuadir, hacer que engranajes que llevan mucho tiempo parados empiecen a moverse.

Hay otra forma de encarar este desastre que se nos viene encima y no solo la que nos están imponiendo, no podemos permitir que nos esquilmen un estado social que solo estaba a medio construir, y si no reaccionamos ahora puede que más adelante sea demasiado tarde.
Para la resignación y el inmovilismo siempre hay tiempo, pero no nos demos por derrotados antes de luchar, no permanezcamos inermes ante el desastre.

Raúl Martín Fernández

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