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Ya está, ya lo han hecho, finalmente se han atrevido, y parece que no les ha temblado demasiado el pulso: a partir de hoy, el Congreso podrá nombrar por mayoría absoluta al director de RTVE.
Tengo que reconocer que esta vez me han sorprendido, no creía que tuvieran la desvergüenza suficiente para cometer semejante atropello a la libertad de expresión, pero se ve que el controlar la inmensa mayoría de los medios de comunicación del país te da la suficiente impunidad para realizar cualquier tropelía.

Uno de los grandes logros del Gobierno de Zapatero fue el tener la grandeza política de renunciar a la Televisión Pública como arma propia del Gobierno, para permitir que se dirigiera por motivaciones exclusivamente profesionales e informativas. Para lograrlo, se dotó a la corporación audiovisual de un “novedoso” sistema de elección de su director: que tuviera que ser nombrado por acuerdo de dos tercios del Congreso (el entrecomillado es porque, aunque se trata del sistema lógico, no es lo que se hacía en España); de esta forma se obligaba a que la persona elegida lo fuera por consenso de varios grupos políticos, y no por la decisión unilateral del Gobierno.

Desde que llegó a la Moncloa, el señor Rajoy se estaba quejando amargamente de las duras críticas que a la gestión de su Gobierno le realizaba TVE, bueno, él directamente no, ya que al parecer no tiene la valentía necesaria para salir a dar la cara en ninguna ocasión.
Según su criterio, la televisión pública solo se puede dedicar a glosar las hazañas del Gobierno, por lo que era urgente el nombramiento de un nuevo director, uno que dejara ya de hablar de recortes y adoptara de una santa vez la neolengua que quiere imponer el Gobierno. ¿Qué puñetas es eso de decir lo que pasa en realidad?, hay que decir lo que el Gobierno dice que pasa… la realidad al parecer es totalmente prescindible en este proceso.

Llama la atención que para este asunto el Gobierno haya elegido la vía del Decreto Ley, que según el artículo 86 de la Constitución está reservado a los casos de “extraordinaria y urgente necesidad”, está claro que para el Gobierno era muy urgente reducir el último reducto que resistía a sus imposiciones propagandísticas: a partir de hoy en televisión solo habrá una versión de los hechos, eso era, evidentemente, muy urgente.

Han argumentado que la oposición bloqueaba el nombramiento del nuevo director y que por eso se han visto obligados a cambiar la norma. Bueno, ese era el espíritu de la Ley, forzar a que todos tuvieran que ceder en sus planteamientos iniciales, y negociar para encontrar un director de consenso. Es curioso como al PP esta Ley le pareció estupenda cuando estuvieron en la oposición, ya que así pudieron influir en la elección del anterior director, pero ahora les molesta: quieren nombrarlo a dedo, sin consultar con nadie. ¿Qué puñetas es eso de que el Congreso pueda controlar las acciones del Gobierno?, ¿pero es que a esta gente no les suena de nada la separación de poderes, ni aunque sea un poquito de haberla estudiado en la escuela?.

En resumen, teníamos una Ley en la que para designar al director se tenían que poner todos de acuerdo, y ahora se elegirá a dedo. ¿Adivinan cual de los dos métodos proporciona una persona más imparcial al frente de RTVE?.

Disfruten de lo votado

Raúl Martín Fernandez.

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