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Los acontecimientos políticos que van a celebrarse este domingo 6 de mayo, si fueran en Estados Unidos, recibirían el apelativo de “superdomingo”, debido a la trascendencia que van a tener las decisiones que se adopten para nuestro futuro.

Por una parte, está la elección definitiva del Presidente de la República francesa: Hollande aventaja a Sarkozy, y ya todos los medios de comunicación parecen unánimes en el análisis que hice en este blog allá por marzo en el artículo “Vientos de cambio en Europa”: el cambio de signo político en el Eliseo tendrá consecuencias en toda la Unión, ya que Merkel no podrá seguir imponiendo su suicida política de ajuste.

El segundo frente, eclipsado por el glamour de las presidenciales francesas, se luchará de forma simultánea en la castigada Grecia, y su resultado oscilará entre la intrascendencia de un petardo y la importancia de una bomba nuclear, todo dependerá del nivel de cabreo con el que se acerquen los griegos a las urnas, y ya les adelanto que es bastante elevado.

Solo dos partidos, Nueva Democracia y el Pasok, quieren continuar por la senda actual de sumisión a la política europea a cualquier precio. Cierto es que son los dominadores de la escena política en el país heleno desde la restauración de la democracia, pero ese escenario no está garantizado que continúe así a partir del domingo.

Parece que todo se va a decidir en un puñado de votos. Nueva Democracia ganará las elecciones, pero sin mayoría suficiente, por lo que tendrá que apoyarse en alguien, ¿quién?, la única alternativa factible será el propio Pasok… y a partir de aquí se abre la caja de los truenos, con múltiples variables en juego.

La primera, y en la que confían en Bruselas, es que los parlamentarios de Nueva Democracia y Pasok sean suficientes para dominar el parlamento heleno… eso y que a los socialistas griegos no les importe terminar de hacerse el harakiri, claro está, porque después de semejante acuerdo, el Pasok jamás se recuperaría. Quizá los nuevos diputados recuerden algo de lo que significa la palabra “socialista” y recuperen a tiempo la cordura, ya han hecho mucho, muchísimo daño a su país, pero podrían evitarle más sufrimientos si, en un arrebato de dignidad, decidieran no someterse a semejante pacto de Gobierno.

Pero quizá nada de esto tenga importancia, porque no es un escenario descabellado el que, por primera vez, los votos de esos dos partidos no sean suficientes. Todo indica que el KKE (el partido comunista) va a recoger el testigo de fuerza referente de la izquierda griega. Hablamos del partido político más antiguo de Grecia, que mantiene todavía al marxismo-leninismo como su referente ideológico.
A este reforzado partido comunista se le unirán una auténtica miríada de nuevos partidos políticos, casi todos de izquierdas, aunque también se contempla la posible entrada en el parlamento de los fascistas de Amanecer Dorado (solo con ver su bandera basta para que se pongan los pelos de punta).
En esa tesitura, el Gobierno de Grecia se convertiría en una auténtica bomba de relojería, ya que sería poco menos que imposible construir un acuerdo de legislatura estable. Sin embargo sí que hay un par de puntos en el que todos esos partidos podrían ponerse de acuerdo: la salida del Euro y la renegociación unilateral de la deuda.

A partir de ahí, imaginen el terremoto que sacudiría a la Unión. ¿Resistirá el Euro semejante embate?, ¿cómo encajarían eso nuestras precarias economías?, ¿lo tolerará Bruselas o sentirá la tentación de intervenir para “corregir” el voto de los griegos”?.

Raúl Martín Fernández

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