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No sé a ustedes, pero a mi, la sucesión de acontecimientos en Grecia cada vez me parecen más extraños, como si todo estuviera siguiendo un plan, y no fuera la cadena de imprevistos que nos quieren vender.

Haciendo un símil, desde Europa se ha dado tantas vueltas de tuerca a la sufrida Grecia que ya han roto la rosca, cualquier presión adicional ya no tiene efecto. Bruselas ha perdido todo el poder de coacción sobre el sistema político griego, como se ha demostrado en las últimas negociaciones para formar Gobierno.
Siguiendo con el símil, no hace falta ser un genio para saber que, si aprietas mucho algo, lo acabas rompiendo… y sinceramente, casi parece que eso es lo que ha ocurrido: han apretado a Grecia hasta que se ha roto, para ver hasta dónde aguantaba.

El experimento tiene mucho valor desde luego, ahora ya saben hasta dónde pueden presionar, hasta dónde pueden saquear y rapiñar en una sociedad moderna antes de que la población estalle.
Con estos valiosos datos proseguirán el expolio del resto de Europa, pero pararán justo antes de que les estalle todo en las narices, conseguirán salir impunes.

La elección de Grecia no fue casual, ya que hacía falta un país con poco peso económico, para que cuando finalmente cayera, no arrastrase al resto de la Unión.
Porque estaba claro que iba a caer, las medidas económicas que se le impusieron no estaban encaminadas (como no lo están en el resto de los países) a lograr su recuperación económica, sino a aplicar el programa de máximos de la escuela neoliberal: privatización de los servicios públicos y reducción del Estado a su mínima expresión. Con estas medidas se consigue que determinadas empresas se hagan, literalmente, de oro, pero aplicándolas en un momento de recesión económica lo único que se consigue es ahondar en la misma.

Europa tiene una tradición de importante peso del sector público, así como de derechos sociales, lo que habitualmente simplificamos como “Estado del Bienestar”, por lo que no estaban seguros de hasta dónde aguantaría la población antes de estallar. Pero ahora ya lo saben.

Lo bueno es que nosotros también hemos aprendido algo: Los griegos nos han demostrado que, organizándose, se puede ganar el Gobierno al margen de los partidos mayoritarios.
Así que, si dichos partidos no quieren volatilizarse al igual que en el país heleno, más les vale empezar, de una puñetera vez, a escuchar a su pueblo más que a las presiones exteriores, más les vale empezar a escuchar a sus militantes y abandonar el autismo que les está llevando a su propia extinción.

Raúl Martín Fernández

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