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Llevan 3 años machacándonos con la cantinela de que el déficit público es poco menos que un demonio, que debíamos rebajar a cualquier precio.
Es el origen de todos nuestros males: si eliminamos el déficit todo volverá a ser como antes (que poca imaginación por favor, es lo mejor que ofrecen, que todo siga igual), todos seremos felices y comeremos perdices.

Pero para volver al paraíso (porque así lo venden, y antes también teníamos problemas ¿se acuerdan?), como decía, para volver al paraíso, tenemos que eliminar el déficit público, sacrificando lo que sea necesario: recortar prestaciones sanitarias, reducir la calidad educativa… curioso que para “salvar” al estado social se dinamiten sus pilares básicos, ¿soy al único al que le parece rara esta estrategia?. Porque la pregunta es evidente: si reducimos el déficit, pero por el camino hemos perdido las prestaciones sociales, ¿qué ganamos los ciudadanos?.

Por eso resulta tan extraño el rescate al que se ha sometido España: nos han prestado 100.000 millones de euros, destinados en exclusiva a salvar a la banca.
Para salvar a esas entidades privadas, el Estado español (tú y yo) deberemos devolver esos 100.000 millones, hasta el último euro, y con intereses, y aquí viene lo más divertido.

El Gobierno ha vendido que se trata de un préstamo (huyen como posesos de la palabra “rescate”, esa es toda su obsesión) que tiene que devolver la banca. Pero la visión de la Unión Europea, que es la que presta el dinero, es otra “el Estado español será el responsable en último término de la devolución del crédito” han asegurado las autoridades europeas.

Y no perdamos de vista los intereses, porque esos, por alguna extraña razón, también nos los comemos con patatas usted y yo (y no la banca, que es la destinataria del rescate). De Guindos explicó en la comparecencia del sábado que los intereses “se financiarán con cargo a la deuda”. Además, la cantidad íntegra de los préstamos recibidos figurarán como deuda pública.

En resumen, que nos saltamos la sagrada ley de eliminar el déficit: se puede acabar con la Sanidad y la Educación… pero para salvar a la banca no importa incurrir en más deuda y más déficit.
Sospecho por lo tanto que rebajar el déficit no era algo tan fundamental para salvar al Estado.

¿Alguien más se siente engañado?.

Raúl Martín Fernández

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