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Primera reunión de los Jefes de Estado y Gobierno de la zona Euro con Hollande como representante francés, y primer revés para Alemania. Merkel no va a tener tan fácil a partir de ahora imponer su criterio, y los peores augurios para la canciller se empiezan a hacer realidad, como ya preveíamos.

La propia Angela ya se temía estos días de atrás que las cosas no iban a resultarle tan fáciles, y se dedicó a sacar músculo por su país, con agresivas declaraciones sobre los Eurobonos del estilo “no entrarán en vigor mientras yo viva”, curiosamente obviando otra de sus anteriores exigencias, como es la de que los Estados fueran garantes de los prestamos concedidos a sus instituciones financieras.

El silencio en la cuestión hacía pensar que no tenía el asunto tan atado como en anteriores cumbres (cuanto va a echar la canciller de menos a ese pusilánime pomposo de Sarkozy).
Y así ha sido, la UE ha decidido que los Estados no sean garantes de los préstamos que se otorgan a sus entidades financieras (lo que se ha dado en llamar recapitalización directa de la banca). Vamos, que si los bancos no pagan lo que deben ellos serán los responsables, sin que el país en su conjunto se vea arrastrado por su insolvencia.
Se trata de la primera medida económica acertada que adopta la Unión desde, ¡leches!, pues desde que se juntaron Merkel y Sarkozy para imponer su modelo ultraliberal.

El proyecto europeo ha quedado muy dañado en la percepción general de la gente por culpa de las políticas impulsadas por Francia y Alemania. Bajo el Gobierno de Merkel, la Unión Europea abandonó su idea fundacional de proyecto para el desarrollo conjunto y unitario de las naciones europeas. La “canciller de hierro” lo trocó en un auténtico saqueo sistemático, sin más objetivo que beneficiar a su economía nacional.

Ahora, debilitada en el ámbito internacional (Alemania sin apoyos no puede imponerse a toda la Unión), y seriamente tocada en el interior tras perder el control del Bundesrat (que controla más del 60% del presupuesto alemán), el margen de maniobra de Merkel aparece cada vez más estrecho.
A la vez, nuestro margen de esperanza se amplía, pues somos muchos los que creemos que la solución está en Europa: saldremos de esta si seguimos el viejo dicho de que “la unión hace la fuerza”, ya que no podemos enfrentarnos a las grandes potencias que ahí fuera acechan como pequeños estados independientes, puesto que nos devorarán sin remisión.

Pero ojo, he dicho “unión” y no “sumisión” que es en lo que nos había sumido los últimos años nuestra querida amiga teutona… esto solo es el inicio de un camino, pero por primera vez en años, tengo la sensación de que caminamos en la dirección correcta.

Raúl Martín Fernández

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