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Y las noticias las cuenta quien tiene el poder, y bajo esta premisa es muy difícil resistirse a la tentación de reescribir la realidad para hacer que encaje con nuestros deseos.

El proceso político que más preocupa al “stablishment” actual es, sin duda, la revolución islandesa, en la que los ciudadanos han sido capaces de derribar a su Gobierno, hacer pagar a los culpables, reelaborar el marco normativo promulgando una nueva constitución, y todo ello sin sumir al país en el caos con el que nos amenazan constantemente desde los medios de comunicación tradicionales.

La primera medida para desactivar la amenaza islandesa ha sido, y continúa siendo, aplicar la conocida como “espiral del silencio”: básicamente, no informar de un tema para que no se genere una corriente de opinión al respecto en la población.
La única forma en que hemos podido seguir las novedades en Islandia ha sido a través de los medios alternativos y las redes sociales, eso hace evidente la aplicación de la “omertá” sobre el tema.

La segunda consiste en la manipulación directa de la información: Valga como ejemplo la última noticia llegada desde la isla, en la que se nos cuenta como los atrevidos islandeses han osado sentar a su ex-primer ministro en el banquillo.
¿Cómo hacer que la idea no resulte atractiva en otros países?; pues haciendo creer a la población que eso no ha valido para nada, que al final los poderosos siempre se salen con la suya y nunca pagan sus culpas, y eso es lo que habrán pensado sin duda todos los que hayan leído la noticia sobre el juicio en la prensa española (ejemplo de El País, repetido igual en todos los periódicos de tirada nacional).
Se ha logrado, por lo tanto, el objetivo fundamental: desmovilizar y desilusionar a la población.

Pero esa desmovilización, esa desilusión, se pueden transmutar en un torrente de abrasadora furia si en las manos de esa gente cayera un ejemplar de la prensa islandesa: “condenado por violar la Constitución” dice el contundente titular.

Alguno intentará defender la postura de la prensa española, porque al final de los artículos y de pasada se menciona que fue “hallado culpable de uno de los cuatro cargos por los que se le encausaba”. Bueno, esa triquiñuela sirve para que no les podamos acusar directamente de mentir, pero la manipulación es la misma, ya que manipular es retorcer la realidad hasta que presente el aspecto que a uno le interesa.

Están usando todos los medios a su disposición para mantener anestesiada a la población. Es nuestro deber como ciudadanos (doble en mi caso debido a mi profesión) rebelarnos ante esta situación, romper la espiral del silencio e intentar, por todos los medios a nuestro alcance, que la gente disponga de la información real de lo que está ocurriendo.
Y es que nunca ha sido más cierto el lema de la mítica Expediente X: “la verdad está ahí fuera”. Pero ten claro que tendrás que salir tú a buscarla, porque los supuestos encargados de llevartela a casa se han aliado con el enemigo.

Raúl Martín Fernández

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