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A la situación actual nos ha llevado un despilfarro de las cuentas públicas que hay que pagar. Esta idea, como un mantra divino, se repite día y noche por los informativos españoles, supongo que hasta que todos lo tengamos grabado bien a fuego en el subconsciente.

Sea cual sea la medida que adopte el Gobierno la justificación es la misma: ¿Que se despide a todos los interinos de la Sanidad manchega?, eso se debe al despilfarro anterior -supongo que en La Mancha había más médicos que pacientes en el servicio de Urgencias-. ¿Que se despide a los profesores a paletadas?, eso es por el despilfarro anterior -todo el mundo sabe que eramos unos derrochadores en Educación, no hay más que ver el porcentaje que dedicábamos a ese capítulo en los tiempos de bonanza-. ¿Qué se acaba con la investigación?, está claro que es por el derroche anterior -los Estados Unidos estaban seriamente preocupados por nuestra brutal inversión en investigación, íbamos a superarles en cualquier momento-…
Incluyan ustedes el ejemplo que quieran, en la mayoría de los casos la justificación será tan inconsistente como las anteriores.

Lo más grave de la estrategia comunicativa del actual Gobierno es que funciona, y muy bien además. Cuando la justificación es la crisis y el despilfarro anterior, la población asiente resignada, asumiendo que los actuales recortes son consecuencia inevitable de ese supuestamente pecaminoso pasado.

Nuestro Estado tiene -al igual que todos, ojo, no nos fustiguemos innecesariamente- luces y sombras, y desde luego que hay muchos capítulos que se podrían mejorar y que se podrían hacer menos gravosos para el conjunto de la Hacienda Pública, pero de ahí a que el causante de la actual situación sea la deuda del Estado, va un trecho muy grande.

Hagamos un ejercicio de memoria, y no hace falta que nos vayamos a un pasado remoto, con acercarnos al año 2006 nos vale. En este país se creaba empleo y había superávit presupuestario, hasta que el sistema bancario y económico basado en la especulación hizo crack.

Es decir, el sistema político, aunque mejorable, cumplía su función prestando los servicios sociales y gestionando el patrimonio común.
En cambio, el sistema económico saltó por los aires, evidenciando que estaba carcomido hasta sus mismos cimientos, y arrastrando a todo Occidente a una crisis brutal.

¿El diagnóstico que se hace de la situación?, ya lo saben, la culpa de la crisis es el despilfarro de las cuentas públicas que hay que pagar, y la solución propuesta es la reforma profunda -eufemismo de recorte salvaje- del sistema político. Es decir: menos Educación, menos Sanidad, menos Investigación, menos redistribución de la riqueza en definitiva.
Si alguien tiene la bondad de explicarme cómo cambiando la parte que funcionaba y dejando intacta la que se estropeó se va a arreglar el problema, le estaré eternamente agradecido.

Claro que también puede ser que el objetivo de toda esta operación no sea en absoluto arreglar el problema, sino acabar con la Política, al menos acabar con esa Política, la que consiguió, aunque fuera parcialmente, la redistribución de la riqueza.

Pero no piensen mucho en ello mejor repitan conmigo que la culpa de todo es del despilfarro de las cuentas públicas.

Raúl Martín Fernández

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