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Respiren tranquilos amables ciudadanos, los nubarrones que se cernían sobre nuestro sistema bancario se van despejando poco a poco, concretamente al mismo ritmo que nuestro Gobierno dicta las normas necesarias para proteger hasta el último de los intereses de las bestias financieras.

El desmedido afán de lucro del sistema bancario (ayudado por la avaricia de ciudadanos particulares) le llevó a especular con un bien de primera necesidad protegido por nuestra Constitución en su artículo 47, la vivienda.
La banca, junto a ciudadanos codiciosos y ante la inacción de las autoridades públicas que por Ley estaban obligadas a evitarlo, provocaron la brutal subida del precio de la vivienda que todos hemos vivido. Hasta convertir un artículo de primera necesidad en un lujo al alcance de muy pocos, ya que la mayoría de los que adquieren una vivienda en realidad no pueden permitírselo.

A consecuencia del estallido del sistema, los bancos, a fuerza de ejecutar hipotecas, tienen ahora decenas de miles de viviendas.
En condiciones normales, dado que hay un enorme stock de viviendas sin vender, y opciones más baratas (alquiler) que ahora la gente sí utiliza, y si tenemos en cuenta la famosa ley de la oferta y la demanda, el precio de la vivienda se debería de haber desplomado, y en vez de eso solo se está produciendo una leve y controlada bajada, ¿cómo lo han conseguido?.

En primer lugar los bancos han obtenido liquidez directamente del Estado, a través de los sucesivos rescates y préstamos concedidos a nuestro sistema financiero. Eso les ha permitido mantener el negocio sin verse forzados a bajar de forma significativa su parque de viviendas, cosa que sí tendrían que haber hecho para obtener financiación de no haber recibido inyecciones de capital público.

La segunda pieza del rompecabezas se está diseñando en estos momentos, y pasa por la reducción de la oferta.
Habrán oído y leído muchas cosas acerca del banco malo, esa entidad que se va a hacer cargo de los activos tóxicos de los bancos (vamos, de las viviendas, para entendernos). Lo que quizá no hayan leído es que el modelo que se está imitando en esta cuestión es el irlandés. El banco malo de Irlanda ha encontrado la solución para el elevado stock de vivienda de sus bancos: la demolición.
Así, si no puedo vender una casa al precio que yo quiero porque tengo 10 y mis compradores saben que tengo que bajar el precio para deshacerme de ellas… pues destruyo 8, y así conservo elevado el valor de las restantes.
Los poderes públicos tienen el deber según la Constitución de promover las condiciones necesarias para que todos los españoles disfruten de una vivienda digna y adecuada.
Dado que este Gobierno se está mostrando tan hábil en la utilización del lenguaje, no dudo de que será capaz de encontrar una manera de justificar que, la destrucción de viviendas, es en realidad una forma de conseguir que los ciudadanos vean amparado su derecho a conseguir una.

Pero a los ciudadanos todavía les queda un último refugio, el alquiler, que si bien está convenientemente estigmatizado por la línea dominante de pensamiento, se ha convertido a la fuerza en la única opción para muchos. Gracias a esto, cada vez más personas se dan cuenta de que es una forma de vivir tan válida y digna como la del propietario. Y aquí es donde entra en juego la última medida del Gobierno (convenientemente azuzado por la banca, sospecho), ya que no pueden permitir que los españoles se planteen vivir de alquiler: si los trabajadores no tienen la imperiosa necesidad de comprar una casa, pagando por ella literalmente lo que les pidan… el chiringuito se les va al traste.

Y es aquí dónde encaja la tercera pieza del puzzle, el último decreto para facilitar el alquiler, que no analizaré en profundidad porque se resume fácil: agilizar al máximo los desahucios. Así, en la misma línea del facilitando el despido promovemos el empleo del que ya estamos viendo los brillantes resultados, tenemos ahora el facilitando el desahucio promovemos el alquiler del que no tardaremos en ver las consecuencias.
De esta forma, se crea la suficiente inseguridad jurídica al inquilino como para que la vivienda en propiedad se haga mucho más atractiva.

He oído a varios pequeños propietarios (con una o dos propiedades en alquiler) que aplaudían la medida, ya que creen que les favorece y les da mayor seguridad: no se engañen, la medida no está pensada para favorecerles a ustedes, muy al contrario, la nueva Ley desincentivará el alquiler, y ustedes se verán forzados a bajar los precios para volver a hacerlo atractivo, o a malvender sus propiedades a los bancos si no pueden hacer frente a los gastos. El Gobierno no estaba pensando precisamente en ustedes al dictar esta normativa.

Disfruten de lo votado.

Raúl Martín Fernández

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