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Datos de la encuesta de intención de voto realizada por la Cadena SER

El PP llegó al Gobierno sentándose a esperar y sin un programa alternativo definido ni realista. Ayudado por la cobardía de un ejecutivo socialista, que no se atrevió a tomar las decisiones valientes que hubiera requerido el histórico momento al que se vio confrontado.
Algunos ya advertimos que pagaríamos cara aquella traición a nuestro electorado, no nos hicieron caso entonces.

Consumada la estrepitosa derrota en las elecciones, con el peor resultado cosechado desde la reinstauración del sistema parlamentario (28,7% de los votos), la dirección se negó a asumir el análisis de los que ya habíamos advertido del desastre, y se orquestó un Congreso Federal con todas las artimañas posibles para impedir una renovación en la cúpula del PSOE. La teoría del Secretario General y la ejecutiva era clara: el partido ha tocado fondo, a partir de aquí solo podemos crecer.
Avisamos del gravísimo error que esto suponía, pero tampoco entonces nos hicieron caso.

Dicha previsión es errónea, porque parte de un diagnóstico mal hecho: la crisis no es coyuntural, sino sistémica. Pero la actual dirección del partido, en su ceguera, sigue queriendo jugar a la alternancia política como si nada hubiera pasado, están convencidos de que esperando sentados, sin hacer nada, el Gobierno caerá en sus manos como fruta madura.
Y en esa creencia, se han negado a adoptar dentro del partido las reformas que la sociedad pide a gritos para el conjunto del sistema: mayor transparencia (en respuesta, el último comité federal fue a puerta cerrada), mayor participación y control (en respuesta, se mantiene un sistema de delegados absurdo y anclado en el siglo XX, cuando las tecnologías posibilitan sistemas más directos).

Pero lo más grave es el anquilosamiento ideológico. De un partido socialista se espera que pretenda cambiar la sociedad, y el actual PSOE ha renunciado por completo a ese objetivo, solo aspira a gestionar de vez en cuando un sistema económico que es radicalmente injusto, y eso ya no es suficiente para una población que ve con espanto como el capitalismo devora uno tras otro todos los servicios sociales conseguidos en las últimas décadas. Frente a esto, el Partido Socialista, en vez de rebelarse, está promoviendo una actitud conciliadora, acomodada, burguesa si recurrimos al lenguaje original e histórico del partido.
Es escandalosa la actitud del grupo parlamentario, votando en contra de que el Gobierno someta los recortes a referéndum, pero ya es de traca la justificación de Elena Valenciano, justificandolo en que se hace por responsabilidad, ya que sería muy grave para el país si se rechazan los recortes en una votación popular.
A ver, que me he perdido Elena, ¿pero nosotros no estábamos en contra de los recortes?, por desgracia la actitud adoptada demuestra de forma palmaria que, si estuviéramos en el Gobierno, con el actual equipo dirigente al frente, la política económica no sería muy diferente. Y como la gente no es tonta, va tomando nota de actitudes como estas.

Advertíamos de todas estas fallas, y nos miraban como a bichos raros, nos tranquilizaban con palmaditas en la espalda, confiados en que los votantes volverían una vez más a bascular y darían la mayoría al PSOE. Hay que conservar el centro político y no radicalizarse era la consigna.

Pero ese tiempo ya pasó, y no volverá. No han entendido que ante la actual situación, lo que queremos precisamente es una política audaz y radical, la gente pide que se apueste de una vez por todas por la política de izquierda, que para ejecutar políticas liberales ya está el Partido Popular, que además lo hace francamente bien. Las sucesivas encuestas nos van dando cada vez más la razón.
El PP se desploma, y en tan solo 9 meses pierde más de 13 puntos, pero el PSOE no frena su sangría y continúa bajando, casi 4 puntos menos que en las elecciones. Los votantes, al contrario de lo que parecen pensar nuestros dirigentes, no van a volver al redil cual corderitos arrepentidos.

Un dato nuevo se abre paso en este estudio demoscópico, y es que por primera vez, IU sí que capitaliza el desgaste socialista, con un crecimiento de más del 4%, parece recoger a los votantes que abandonan las filas del PSOE.
Ya apenas hay 10 puntos de diferencia entre ambas formaciones, IU ya tiene un 50% de la masa social del PSOE.
¿Nos seguirán mirando como a alucinados a los que sostenemos que, de no cambiar mucho el rumbo, el Partido Socialista se verá relegado a la tercera, o incluso cuarta, posición política de este país?.
Está claro que es hora de ir pasando al Plan B, porque habrá uno ¿verdad?.

Raúl Martín Fernández

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