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Es necesario un mercado precario y con alto desempleo para imponer el modelo capitalista ultraliberal.

Éste será el argumento de cabecera que podrán leer y escuchar repetido hasta la saciedad de aquí al próximo 14N: hay que respetar el derecho al trabajo.
El punto de mira está puesto en los piquetes sindicales, pues a día de hoy son la última línea de defensa que le queda al trabajador que quiera acogerse a su derecho a la huelga.

En un mundo ideal, se respetarían los derechos de todo el mundo, el trabajador que libremente quisiera acudir a su puesto de trabajo iría a trabajar, y el que quisiese hacer huelga, la ejercería en total libertad.
Pero volvamos al mundo real: en el mundo real, los empresarios llevan varias semanas presionando e intimidando a los trabajadores para que no secunden la huelga; en el mundo real, el trabajador que ha tenido la osadía de reconocer que apoyará la huelga ha recibido el tú sabrás lo que haces o el atente a las consecuencias por respuesta; en el mundo real, la única posibilidad que tienen los trabajadores de secundar la huelga sin ver comprometido su puesto de trabajo, es que milagrosamente aparezca un piquete a las puertas de su empresa ese día.

Por si todavía no se habían enterado, los piquetes no se materializan de la nada, acuden porque los propios trabajadores de la empresa les llaman.
Es lógica la confusión, ya que lo que se ve siempre en los medios de incomunicación es a llorosos trabajadores a los que los malvados piquetes no dejan entrar, o violentos enfrentamientos (normalmente verbales) entre piquetes y trabajadores.
Curiosamente nunca salen las escenas en las que los trabajadores, sonrientes y aplaudiendo al piquete, abandonan su puesto de trabajo. Son más comunes pero ustedes nunca las verán.
No es nuevo este acoso a los sindicatos, y debería hacer reflexionar a todos los que ya se han dado cuenta de cómo se está manipulando la realidad, ya que a lo mejor resulta que los sindicatos no son tan malos como nos están contando.
La propaganda mediática del Sistema va a insistir en la línea habitual: los piquetes hostigan al trabajador para forzarle a hacer una huelga que no quiere… para quitarle su derecho al trabajo.

Es sangrante el recurso al derecho al trabajo: es el Gobierno el responsable de garantizar que se cumplan los derechos, entre ellos por supuesto éste.
¿Cómo un Gobierno garantiza los derechos?, a través de dos vías, mediante su provisión directa o mediante la creación de las condiciones adecuadas para que sea provisto a través del sector privado.
En este caso concreto, la primera vía se consigue a través del empleo público, del que este Gobierno está siendo el mayor destructor de la Historia con más de 200.000 trabajadores despedidos.
La segunda vía se consigue cuando el Gobierno crea las condiciones legales y económicas para que las empresas contraten trabajadores. Dado que la reforma laboral precisamente ha facilitado de forma espectacular el despido, lo que se ha conseguido es justo lo contrario: unas condiciones menos favorables para la creación de empleo.

En definitiva, no se puede recurrir al derecho al trabajo, cuando desde el Gobierno se está trabajando activamente para su destrucción y precarización.
No se trata de algo casual: una alta tasa de desempleo es necesaria y deseable según los dictados económicos del Club de Chicago, cuyo descarnado paquete de medidas económicas es el que se está aplicando en la actualidad.

La propaganda del Sistema ya está trabajando a toda máquina para que ustedes vean en sindicatos y piquetes a sus enemigos: pero no son ellos los que les han bajado el sueldo, ni los que les tienen en la cuerda floja del despido de forma permanente.
El Sistema ha detraído fondos, una vez más, de la Educación y Sanidad Públicas, a la vez que incrementa la dotación de sus fuerzas represoras de choque.

Al mismo tiempo que aplican diversas formas de violencia, nos exigen que nuestra respuesta sea totalmente pacífica.
No se puede entrar en su juego de doble rasero. La única respuesta posible es la huelga total, con paralización absoluta de la actividad de este país: ellos están aplicando medidas extremadamente violentas para imponer su sistema capitalista ultraliberal, y estamos por lo tanto legitimados para responder con todos los medios a nuestro alcance y sin medias tintas, el Derecho de Rebelión está amparado por numerosos textos legales, entre ellos la Declaración Universal de los Derechos Humanos, de la que nuestro país es signatario.

Raúl Martín Fernández

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