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Muchos ciudadanos piensan que el país necesita un líder fuerte

Muchos ciudadanos piensan que el país necesita un líder fuerte

El irrespirable ambiente que en nuestro país se está conformando en torno a la actividad política, me inspira últimamente un pensamiento, aquel que hace más de cien años formuló Oscar Wilde: “Ten cuidado con lo que deseas, se puede convertir en realidad”.

Los constantes desmanes de la cúpula dirigente del PP, ahora instalada en el Gobierno de la nación, han dejado a gran parte de la población sumida en el desconcierto y con sensación de orfandad política, este grupo viene a sumarse a los que sintieron la rendición de Zapatero en mayo de 2010 como una traición a su ideología.

En estos momentos, la inmensa mayoría de la sociedad española considera que la Política es mas un problema que una solución; el todos son iguales se ha convertido en una de las muletillas más repetidas por los españoles, así como el sentimiento de que no hay en el panorama nadie capaz de cambiar el rumbo del país.

Bucle histórico
La situación no es nueva, cualquier aficionado a la Historia sabe que estas épocas de crisis sistémica (porque no nos encontramos ante una crisis económica sin más) encierran el potencial peligro de que surja un salvapatrias: en unas ocasiones un bufón, y en otras un peligro.

En España ya se ha dado algún tímido intento populista, como la estrambótica candidatura de Mario Conde en Galicia, tan solo secundada por Intereconomía. Pero puede que el próximo aventurero encuentre algún respaldo mediático más sólido, y entonces será cuando tengamos un problema.

Seguro que usted piensa que en nuestra sociedad actual, tan moderna, democrática y civilizada, no existe el riesgo de que llegue al poder un personaje realmente peligroso… puede que tenga razón, pero permítame que le esboce un escenario hipotético, y sea sincero en las respuestas, ¡no vale hacer trampa!:

Gracias a la desintegración de la confianza en los partidos políticos, se ha abierto paso en el panorama nacional un joven candidato a presidente, no se trata de un político al uso, en absoluto, ya que no tiene vinculación con ningún partido tradicional, no le gusta la burocracia, por lo que no ha estado nunca integrado en la estructura de ninguno de ellos.

Es, al igual que usted, un honrado trabajador, que piensa que “los partidos políticos solo crean y alteran sus programas electorales por el afán de ganar elecciones”, también dijo en la entrevista que concedió ayer que “la política no consiste en otra cosa que no sea una riña por la conquista del escaño parlamentario”.
Además, cree que las autonomías no han hecho sino mal al país: “Me empeño personalmente en la lucha contra la descabellada agitación de las regiones entre sí”  aseguró muy convencido. También está dispuesto a meter mano a los sindicatos para que se dediquen a lo que deben, ya que “no deben de ser un órgano de lucha, sino portavoces de representación profesional”.

¿A que está deseando poder darle su voto a alguien así?, una persona con las ideas claras, que piensa como usted y que nunca ha vivido de la política…
Quizá debería saber que las ideas entrecomilladas en este artículo están extraídas del Mein Kampf.
Tenga mucho cuidado, porque ahí afuera hay alguien al acecho, esperando para decirle justo lo que quiere oír.

Raúl Martín Fernández

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