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Los préstamos universitarios castigan a los estudiantes  con pocos recursos a deudas abultadas

Los préstamos universitarios condenan a los estudiantes con pocos recursos a soportar abultadas deudas

El Gobierno deja caer la idea de los créditos universitarios, para que vaya calando en la sociedad, “el que quiera estudiar, que se lo pague, no tenemos porque pagarlo los demás” es el principio ideológico que se quiere asentar (y que ya está, por cierto, muy extendido).

El sistema de becas que tenemos actualmente no es ideal, pero desde luego ir hacia un sistema de préstamos sería involucionar, y no avanzar.
Si observamos los países en los que dicho sistema funciona, como EE.UU, o el ejemplo en el que se ha amparado el Gobierno, Reino Unido, vemos que la Universidad es un coto reservado a las clases más pudientes, que son las que pueden estudiar sin necesidad de endeudarse mucho. Al sistema de créditos se acoge la clase media y, excepcionalmente, la clase baja.
El resultado es que dichas clases sociales, aún cuando obtienen la formación, no logran escalar en el estatus social, ya que tienen encima la losa de la deuda: los créditos se convierten por lo tanto en un eficaz sistema para mantener las diferencias sociales, de esta forma la educación se pervierte, y pasa de ser un instrumento para cohesionar la sociedad, a uno para perpetuar dichas diferencias sociales.

Se trata una vez más de una apuesta ideológica, si bien se intenta vender como una cuestión meramente técnica, bajo la omnipresente justificación económica, aún cuando ya está sobradamente demostrado que la educación privada no es más barata que la pública.

Si de verdad se quiere que la educación sea un elemento integrador, que ayude a nuestra sociedad a avanzar de forma cohesionada, y no ahondando en el desigual reparto de la riqueza, la única alternativa viable es la gratuidad total en todos los niveles educativos, incluido por supuesto, el universitario.

Raúl Martín Fernández

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