La Nueva Política y las tradiciones

bienvenido_mister_marshall_7Qué bonitas son las tradiciones, y el señor Obama, que está de acuerdo, para respetar las nuestras ha hecho un Mr. Marshall en toda regla.

Tan emocionados que estaban nuestros gerifaltes (tanto de la Old como de la New politic) con la visita del amigo Barack, tan engalanada que le tenían Sevilla para mostrársela cual joya… y va el indolente Mr. President y se dedica en exclusiva a los temas serios: pasar revista a las bases militares estadounidenses.

Y es que el amigo Obama, para los despistados, no venía porque sea muy amigo ni le guste mucho el verano en España, no… venía después de cerrar los acuerdos en Varsovia para que las tropas OTAN queden desplegadas de forma permanente con más personal y más armamento ahí cerquita de las fronteras rusas. Y si eso provoca resquemores en Moscú que con su pan se lo coman, porque como todos sabemos el hecho de que acumulen tropas cerca de tu frontera es un gesto amistoso universal,  así que el único efecto previsible es una estabilización de la zona, como es obvio.

Por lo tanto lo lógico era que el amigo Barack viniera directo al lío, que no está para perder el tiempo con visititas turísticas… pero al final la cosa se arregló, y gracias a la brillante diplomacia española, Mr. President concedió nada menos que ¡10 minutazos! a repartir entre Sánchez, Rivera e Iglesias. Y ahí que estuvieron los tres ¿eh?, no se crean que ninguno se sintió ofendido ni tuvo un arranque de dignidad, no… ahí estuvieron cada uno con sus 3,5 minutos para que Mr.Obama les diera unas palmaditas y les acariciase un poco el lomo… porque al menos coincidirán conmigo en que no hubo tiempo para nada con más “chicha” que eso.

Y aquí concluye la visita del President of the United States por el que algunos han perdido la sesera y los principios… algunos otros nos hemos opuesto a participar en la charlotada, y menos mal, porque los que en aras de la “new politic” han decidido aparcar los “significantes vacíos” y las “banderas sin sentido” para acudir corriendo y no quedarse fuera de la foto se tienen que sentir hoy un poco ridículos, un poco utilizados… o a lo mejor no, a lo mejor totalmente imbuidos de la pompa presidencial ya solo lamentan no haber podido sostener su mano unos segundos más mientras berrean emocionados ¡hail to the chief!.

Raúl Martín Fernández

(Artículo originalmente publicado en El Zasca)

La guerra es culpa del pacifismo

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Nuestra postura ha sido constantemente ninguneada: no podemos ser ahora los responsables.

A raíz de los ataques en París, leo por ahí furibundas diatribas contra los “comeflores”, “eurobobos”, “buenistas”… los epítetos son variados, aunque todos en un tono que bascula entre el paternalismo y la supuesta autoridad de alguien que hace lo necesario aunque no sea agradable.

El caso es que nos responsabilizan a los que nos oponemos a las intervenciones militares del ascenso de estos grupos, cada vez más poderosos y con mayor poder de intervención fuera de su ámbito regional inmediato.

Es curioso lo torticero del argumento, porque repasemos la Historia reciente… comenzando por Afganistán, siguiendo por Irak, el hostigamiento sobre Irán, Libia, y ahora Siria, la doctrina que se ha seguido durante los últimos años ha sido, precisamente, la militarista; los embargos, bombardeos, invasiones… se han sucedido de forma constante. Mientras tanto, unos pocos enfrente decíamos “esto no hará sino agravar la situación”, y los militaristas replicaban “es necesaria la mano dura”.

Con el paso de estos años, la situación, como advertimos algunos, no ha hecho sino volverse cada vez más radicalizada y violenta, pero sin embargo, tras este último atentado en Francia, vuelven a surgir las voces militaristas “esto es por ser unos blandos”, “la culpa la tienen los de la alianza de civilizaciones”, “esto pasa por hacer caso a los buenistas”, todos argumentos estupendos… si fuesen ciertos, pero no lo son: lo cierto es que la estrategia que se ha seguido estos años ha sido la de los “halcones”, la mano dura y la intervención militar constante, eso es lo que ha producido el actual estado de cosas.

No nos quieran ahora vender la moto de que la culpa es de las posiciones tibias, de la contemporización ni de las posturas pacifistas, cuando ni se nos ha hecho ni puñetero caso cuando lo hemos propuesto, ni nunca se han aplicado.

Apechuguen ustedes con la responsabilidad de lo que han creado, carajo, y no sean tan cobardes.

Raúl Martín Fernández.

La guerra contra el terror

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Una de las multitudinarias manifestaciones por el "No" ignoradas por los medios.

Una de las multitudinarias manifestaciones por el “No” ignoradas por los medios.

El referéndum griego es una victoria alcanzada contra viento y marea: con los medios de comunicación en contra (excepción hecha de la TV pública griega), todos los demás medios se han dedicado, día tras día, a narrar los horrores que azotarían al país en caso de alzarse el “No” con la victoria.
Han otorgado páginas y minutos para que analistas desglosaran detalladamente las razones por las que había que votar “Sí”, mientras que los partidarios del “No” no gozaron de la oportunidad de exponer sus razones.

Esto es discutible desde el punto de vista de la pluralidad informativa, pero legítimo desde el punto de vista de que los medios son privados y por tanto publican lo que les viene en gana (será un shock para el que se siga creyendo que los medios privados son garantes de  la libertad ideológica y de expresión, pero los que lo hemos vivido desde dentro, sabemos que la “libertad de expresión” únicamente la tiene el propietario del medio, el resto de trabajadores la única libertad que tienen es la de repetir la opinión de su jefe).

La opinión, como digo, es legítima, lo que ya no es legítimo es la manipulación, y los medios griegos e internacionales han apostado a fondo por ella, ya que mientras que el resultado del referéndum ha sido aplastante, con mas de 20 puntos de diferencia a favor del “No”, todas las encuestas publicadas (y pagadas por esos medios privados), arrojaban un empate técnico.
Cierto es que las encuestas no son una ciencia exacta, y que se pueden desviar unos cuantos puntos porcentuales del resultado real… pero mas de 20 puntos de diferencia es imposible que se les pasara por alto a los encuestadores, la única explicación es que se trataba de encuestas manipuladas.
Así se arrojaba una falsa imagen de país dividido e indeciso, fuera de Grecia lograron el objetivo y la opinión pública pensaba que las manifestaciones por las dos opciones eran de similar magnitud, dentro del país obviamente la realidad era mucho más difícil de ocultar.

Y por si la mera manipulación informativa no era suficiente, ahí estaba el sistema financiero para ayudar a convencer a los griegos de las bondades del “Sí”: así dieron cerrojazo a las oficinas bancarias mediante la decisión del BCE de no dar liquidez a los bancos helenos, en un pornográfico intento de llevar la desesperación al pueblo griego estrangulándolo económicamente.
El dimitido ministro Varoufakis calificó de “terroristas” determinadas actitudes de los poderes financieros y del Eurogrupo… y si por “terrorismo” entendemos la intención de imponer mediante el terror tus posicionamientos políticos, no podemos concluir sino que la actitud de los poderes políticos y económicos europeos ha sido puro terrorismo contra el pueblo griego.

Desde luego, esto no ha hecho mas que empezar, muchos sufrimientos le quedan aún al pueblo griego, incluso puede que su futuro, por inconcebible que parezca, deba buscarlo fuera de Europa (o mejor dicho, fuera de la Unión Europea), pero, en todo caso, al superar manipulaciones y miedos, ayer ganaron la primera batalla en su Guerra contra el Terror.

Raúl Martín Fernández

Victoria artificial

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Las mayorías absolutas y sus perniciosos efectos quedarán desterradas de nuestro país al menos durante un tiempo.

Las mayorías absolutas y sus perniciosos efectos quedarán desterradas de nuestro país al menos durante un tiempo.

El nuevo tiempo político que se nos viene encima trae consigo muchas incertidumbres, pero también una gran virtud que compensa los posibles aspectos negativos (y es que, de todas formas, tampoco existe el sistema perfecto). Esa virtud es el fin de las mayorías absolutas: se acabaron los rodillos parlamentarios y los gobiernos inasequibles a cualquier negociación. A partir de ahora, cualquier gobernante tendrá que ceder y negociar con diferentes grupos a fin de asegurar la mayoría necesaria.

Este nuevo tiempo sin duda redundará en beneficio de todos, y es que nos sobran ejemplos de cómo la cabezonería en sacar adelante normativas en solitario no lleva mas que a soliviantar a una parte de la sociedad, y encima con el único resultado de que dichas normas son inmediatamente derogadas en cuanto cambia la mayoría parlamentaria a los pocos años.

Pero este nuevo tiempo, lejos de ser visto como una oportunidad de mejorar nuestra sociedad, es percibido por algunos con un enorme temor, hasta el punto de que están dispuestos a cambiar lo que haga falta a fin de conseguir artificialmente las mayorías absolutas que antaño conseguían gracias a sus elevados porcentajes de voto.

Y es que para esos algunos, si no pueden conseguir la victoria de forma limpia, bien les vale una victoria artificial obtenida a base de triquiñuelas legales: todo sea por mantener el statu quo anterior, en el que podían gobernar a golpe de decreto sin tener que sentarse a negociar cada ley con esos molestos grupillos porque, a fin de cuentas, ¡qué se habrán creído los muy impertinentes!, ¿Qué tienen derecho a sentarse en pie de igualdad con los partidos serios de Gobierno?, habrase visto semejante desfachatez, y todo porque les hayan votado unos pocos millones de personas, que se habrá pensado esta gente que es la democracia…

Solo desde esa patrimonialista visión del poder puede entenderse la reforma anunciada por el PP hace un año para que “gobernase la lista mas votada” (es decir, si un partido obtiene el 30% de los votos gobierna, sin tener nada que negociar con el 60% restante… muy democrático todo, eso sí), pretensión desenterrada recientemente por el presidente extremeño Monago.
Pero lo mas preocupante es como el PSOE de Susana Díaz se ha subido al mismo carro esta semana: incapaz de conseguir un acuerdo para que le voten la investidura, en vez de adaptarse al nuevo tiempo político, se suma a la corriente, esta vez mediante la artimaña de la “segunda vuelta”, de los que quieren cambiar las reglas para volver a las cómodas mayorías absolutas… retornar a ese tiempo del ordeno y mando legislativo que por lo visto a algunos les parece tan idílico y feliz.

Raúl Martín Fernández

La izquierda tripartita

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Parlamento andaluz después de las últimas elecciones y situación anterior.

Parlamento andaluz después de las últimas elecciones y situación anterior.

El experimento de Podemos fracasa en su estrategia hegemónica y no logra romper el techo histórico de IU en Andalucía ni de lejos. (100.000 votos y 5 diputados menos, y eso teniendo en cuenta que ahora hay un millón de electores mas que en 1994).

En el resto de España, las encuestas apuntan en el mismo sentido: el tope del nuevo partido coincide con los guarismos que ya apuntaba IU antes de la aparición de Podemos, pero no los supera.

Los números son claros, Podemos ha redistribuido el voto dentro de la “izquierda a la izquierda” del PSOE, pero no ha rascado nada significativo fuera de ese caladero, por mucho que se empeñaran sus dirigentes en lo del partido transversal y superar la retórica izquierda-derecha.

Al final lo único que se produce es una división del voto de la izquierda sociológica en tres vertientes, al igual que ya sucede en nuestro entorno mas cercano, Francia (PSF, PCF y PG) y Portugal (PSP, PCP y BE). Es decir: la división entre la izquierda de inspiración socialdemócrata, la de inspiración comunista, y la “moderna” que quiere ir mas allá de la socialdemocracia pero sin abrazar las tesis comunistas.

Podemos ha venido a ocupar un nicho electoral que estaba huérfano en España, pero eso no implica la desaparición de ninguno de los otros dos partidos, tan solo su redimensionamiento: de los 590.000 votos obtenidos por Podemos, 118.000 se pueden atribuir al PSOE y 164.000 a IU, en total unos 282.000 votantes, lo que nos deja 308.000 votantes que se incorporan de nuevas al proyecto (los del “nicho huérfano” que mencionaba antes), no es una cantidad en absoluto despreciable… pero no es ni mucho menos una cifra que permita los “asaltos” y delirios de grandeza varios de los que han hecho exhibición los dirigentes podemitas, de hecho ni siquiera ha supuesto una variación significativa del porcentaje de abstención.

Muy bien les vendría a los insistentes forofos de Podemos (cansinos cual martillo pilón con sus taladrantes consignas) dar un paso atrás para ampliar la perspectiva y mirar a nuestros países vecinos, así se podrían dar cuenta de que no han inventado nada, que el BE y el PG ya iniciaron hace tiempo el mismo camino que ellos.

Si hicieran eso, incluso podrían aprender de errores ajenos, no volver a caer en ellos y aceptar cual va a ser la dimensión real de su opción política a medio plazo… pero claro, eso supondría reconocer que no son los inventores de la fórmula, supondría reconocer que solos no van a poder y que tendrán que pactar con la “casta” del PSOE y con los “viejunos” de IU, supondría hacer la pedagogía necesaria para explicar que el pacto supone renunciar a parte de tu programa… y obviamente es mucho mas agradable el adanismo autocomplaciente.

Claro, que ese paso atrás para observar con perspectiva también lo debería de dar IU, y dejar de empeñarse en una convergencia suicida que está diluyendo a la coalición por la vía de los hechos, y es que si te empeñas en decirle al electorado que eres lo mismo, ¿por qué te van a votar a ti y no al de enfrente?… porque la simple pataleta del “yo estaba aquí primero” no es muy brillante como estrategia, que digamos.

Raúl Martín Fernández

Democracia ejemplar

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Carlos y Carmen, los dos sindicalistas condenados a tres años de prisión.

Carlos y Carmen, los dos sindicalistas condenados a tres años de prisión.

Esta semana ha entrado en prisión un activista por defender los derechos de todos nosotros.
Son nada menos que 300 los sindicalistas procesados en España, desde luego todo un récord en esta ejemplar democracia occidental en la que vivimos.

La teoría dice que, la severidad de la pena impuesta, ha de estar en relación directa con la gravedad del perjuicio causado a la sociedad por la falta cometida.

¿Es de suficiente gravedad el delito cometido por Carlos como para merecer TRES años de privación de libertad?, no lo parece en absoluto, no se busca por tanto proteger al cuerpo social, sino imponer una pena atemorizante.

Son tremendamente reveladoras al respecto las palabras del fiscal del caso: “condena ejemplarizante, no sólo para ellos sino para que a nadie se le ocurra hacer nada parecido

Carlos ha sufrido, por lo tanto, una pena al calor de unas leyes dictadas con el único propósito de proteger la imposición de un proyecto político… ¿y saben cómo se denomina a las personas que sufren ese tipo de represión?, pues sí, efectivamente: presos políticos.

Ya que estamos con definiciones, a ver si adivinan ésta: nombre del sistema de gobierno en el que la clase dominante impone el sistema socioeconómico que más conviene a sus intereses, incluso recurriendo a la represión policial y encarcelando a los que se resisten.

Lo han adivinado ¿verdad?… ¡sí, efectivamente!, la respuesta es democracia, o al menos, eso es lo que nos aseguran, que este sistema en el que vivimos es una democracia.

Raúl Martín Fernández

Los créditos de la desigualdad

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Los préstamos universitarios castigan a los estudiantes  con pocos recursos a deudas abultadas

Los préstamos universitarios condenan a los estudiantes con pocos recursos a soportar abultadas deudas

El Gobierno deja caer la idea de los créditos universitarios, para que vaya calando en la sociedad, “el que quiera estudiar, que se lo pague, no tenemos porque pagarlo los demás” es el principio ideológico que se quiere asentar (y que ya está, por cierto, muy extendido).

El sistema de becas que tenemos actualmente no es ideal, pero desde luego ir hacia un sistema de préstamos sería involucionar, y no avanzar.
Si observamos los países en los que dicho sistema funciona, como EE.UU, o el ejemplo en el que se ha amparado el Gobierno, Reino Unido, vemos que la Universidad es un coto reservado a las clases más pudientes, que son las que pueden estudiar sin necesidad de endeudarse mucho. Al sistema de créditos se acoge la clase media y, excepcionalmente, la clase baja.
El resultado es que dichas clases sociales, aún cuando obtienen la formación, no logran escalar en el estatus social, ya que tienen encima la losa de la deuda: los créditos se convierten por lo tanto en un eficaz sistema para mantener las diferencias sociales, de esta forma la educación se pervierte, y pasa de ser un instrumento para cohesionar la sociedad, a uno para perpetuar dichas diferencias sociales.

Se trata una vez más de una apuesta ideológica, si bien se intenta vender como una cuestión meramente técnica, bajo la omnipresente justificación económica, aún cuando ya está sobradamente demostrado que la educación privada no es más barata que la pública.

Si de verdad se quiere que la educación sea un elemento integrador, que ayude a nuestra sociedad a avanzar de forma cohesionada, y no ahondando en el desigual reparto de la riqueza, la única alternativa viable es la gratuidad total en todos los niveles educativos, incluido por supuesto, el universitario.

Raúl Martín Fernández

La dudosa eficiencia privada

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La gestión privada de las carreteras se ha demostrado un fiasco absoluto.

La gestión privada de las carreteras se ha demostrado un fiasco absoluto.

Las carreteras privadas (autopistas) están en quiebra y las va a rescatar el Estado, porque las empresas privadas son absolutamente incapaces de llevar a cabo una gestión eficaz.

Nos vendieron que era mucho mejor que las carreteras las gestionase una empresa privada, que sería más barato para todos.
Lo eficiente y moderno a la hora de encarar las nuevas infraestructuras es que las haga una empresa privada, que luego nos cobrará un canon por su uso… y el que no quiera o no pueda pagarlo, que se vaya a las carreteras públicas, de peor calidad.

Captarán el paralelismo con la deriva de la educación: colegios concertados en los que se paga por matricular a los niños, y escuelas públicas de menor calidad para el resto; o con la sanidad: centros públicos gestionados por empresas privadas que cobran un canon directamente de los presupuestos… y si no quieres colas, te vas a la sanidad privada.

El Tribunal de Cuentas demuestra en un informe que servicios como la recogida de basuras, la limpieza viaria o la gestión del agua, no solo son de mayor calidad si los gestiona directamente el municipio ¡sino que encima son más baratos!

Los servicios de autobús urbano se están rescatando de manos privadas y remunicipalizando en varias ciudades por el sobrecoste que se estaban cobrando las compañías a las que se había concedido la gestión del servicio.

Las pruebas de que la gestión privada, en determinados campos, es absolutamente contraproducente para los intereses de la mayoría se acumulan cual montaña.

Sin embargo, la corriente de opinión que impulsan los Medios de Comunicación continúa inalterable: la gestión privada siempre es más eficiente y mejor que la pública.

Nada tiene que ver que dichos medios de comunicación estén en manos de empresas que se lucran directamente de la privatización de dichos servicios. Y si usted piensa eso y además cree que determinados servicios han de estar en manos públicas, es que es usted un progre trasnochado, obsoleto comunista retrógrado y subversivo.

Raúl Martín Fernández

La trampa eléctrica

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La electricidad es un recurso natural y como tal no debería estar en manos privadas.

La electricidad es un recurso natural, y como tal no debería estar en manos privadas.

Si entregamos el sector eléctrico a la empresa privada, y otorgamos al “libre mercado” la facultad de fijar los precios… ¿por qué nos escandalizamos de que pongan el precio que más conviene a sus intereses empresariales?. Por lógica, las compañías eléctricas buscarán la forma en que su negocio les sea más rentable.
Una de esas formas es incrementar el precio que los ciudadanos pagamos por la electricidad, otras de las formas son reducir gastos en el mantenimiento y modernización de las redes eléctricas o de las plantas generadoras. Todas ellas fórmulas, que, en definitiva, perjudican al conjunto de los ciudadanos, ya que pagamos más y obtenemos un servicio de peor calidad.

La primera reacción es cabrearse, y de hecho hay un considerable cabreo estos días, con las eléctricas; pero como comentaba al inicio del artículo, las empresas privadas no hacen nada más que lo que está en su naturaleza, que es buscar el máximo beneficio económico, así que no nos enfademos con ellas, no son las culpables… enfadémonos con los que nos vendieron la milonga de que este modelo nos beneficiaba a todos, enfadémonos con los que nos engañaron diciéndonos que la gestión privada del sector produciría bajada de precios y un mejor servicio, porque el paso del tiempo ha demostrado, de forma irrefutable, que la privatización ha conllevado aumento de precios y empeoramiento del servicio.

Antes de continuar hay que aclarar que la generación y distribución eléctrica pertenece al grupo de los “monopolios naturales”, que son los sectores que, por su naturaleza, se explotan en régimen de monopolio. Un ejemplo muy claro de monopolio natural es el caso del alcantarillado y distribución de agua potable en las ciudades: en cada ciudad existe una sola red de agua y de alcantarillado, y sería altamente ineficiente que existiesen dos o más redes para que diferentes empresas pudiesen prestar el mismo servicio, por lo tanto, y aún en el caso de que dicho servicio esté privatizado, es un monopolio, privado, sí, pero monopolio al fin y al cabo.

El caso de la electricidad se encuadra en el mismo concepto de monopolio natural, ya que allí donde hay una planta de generación de energía, no va otra empresa a montar una segunda planta energética y una segunda red de distribución de fluido eléctrico. Por lo tanto, si no hay dos o más empresas que produzcan energía y distribuyan su producto para que yo pueda elegir entre ellas… pues estamos ante un caso de monopolio.
Es cierto que existen muchas empresas eléctricas, pero cada una opera en exclusividad en una zona geográfica, y esto es así porque no puede ser de otra manera dada la naturaleza de esta industria.
Recientemente se ha producido una “liberalización” de la comercialización, en virtud de la cual nosotros, como consumidores, podemos contratar el suministro con cualquier distribuidora. Pero si lo pensamos un poco, enseguida veremos que no se trata de una posibilidad real: el cable que llega hasta nuestra casa y la central que genera la electricidad siguen siendo las de la compañía “A”, por mucho que contratemos el servicio con la compañía “B”; por lo tanto, el dinero que nosotros le pagamos a “B”, esta compañía a su vez se lo pagará a “A” por el servicio que nos presta en su nombre. Toda una artimaña para mantener la ficción de que en este sector existe la libre competencia, algo que, como ya hemos visto, es imposible dada la naturaleza monopolística de este negocio.

Por lo tanto, y dado que no hay ningún beneficio para el ciudadano en que los monopolios naturales (recordemos, sectores en los que no puede haber competencia, como la generación de energía o la gestión del agua) estén en manos privadas, es mucho más lógico y eficiente que éstos servicios se gestionen directamente por el Estado.

La privatización y posterior liberalización de los servicios, se justifica, en la ideología liberal, con el razonamiento de que, las empresas privadas, al competir unas contra otras, buscan ofrecer el mejor servicio al menor precio, lo que redundaría en beneficio de los ciudadanos.
Pero en el caso que nos ocupa de la generación y distribución eléctrica, en el que únicamente una empresa puede operar en cada zona, desaparece ese argumento de la competencia.
No hay competencia, y por lo tanto no hay bajada de precios ni pelea por hacerse con más clientes, dado que cada empresa tiene asegurada la explotación de su zona en un monopolio de facto.

No se trata aquí de negar lo evidente, pero sí de reclamar lo razonable. Es evidente que la competencia entre empresas, en determinados sectores, arroja beneficios para el consumidor. Pero cuando dicha competencia es imposible debido a la propia naturaleza del sector, no existe justificación para entregarlo a manos privadas, ya que la única beneficiada será la empresa, pero sin que eso a su vez redunde en ventaja alguna para nosotros.

Por lo tanto, lo razonable en estos casos es reclamar que el beneficio sea para toda la sociedad, y no únicamente en términos económicos, ya que no se puede olvidar la fortaleza que le otorga a la política exterior de un Estado el manejar sus propios recursos energéticos. Beneficios y fortalezas que solo obtendremos mediante la propiedad y gestión públicas tanto de la generación como de la distribución de la energía eléctrica.

Raúl Martín Fernández

Sí se puede

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La lucha constante y decidida es clave para conseguir los objetivos.

La lucha constante y decidida es clave para conseguir los objetivos.

La huelga indefinida y la admirable capacidad de lucha y resistencia de los trabajadores de la limpieza de Madrid parece que empieza a dar sus frutos.

De su intención inicial de despedir a 1.134 trabajadores las empresas ya han reducido sus pretensiones hasta los 296 despidos. Pero los trabajadores se han mantenido firmes, y no han desconvocado la huelga. Ni un solo despido, ese es su objetivo.

Las informaciones apuntan a que, en breve, las empresas concesionarias claudicarán, y aceptarán no despedir a ningún trabajador, lo cual nos lleva a varias reflexiones interesantes.

El conflicto nos deja varias conclusiones

Primera
Era mentira que los pobres empresarios estuvieran obligados a despedir para que la empresa fuese viable, lo iban a hacer única y exclusivamente para aumentar su margen de beneficios.
Las intenciones iniciales de las empresas eran más de 1.000 despidos y una reducción salarial del 44% a los restantes trabajadores. Ahora no van a despedir a nadie y los salarios quedarán congelados, pero no bajarán. A pesar de ello las empresas seguirán siendo rentables. Si hubiese justicia esos indeseables acabarían en un gulag (uy, ¿eso lo he escrito?, creía que solo lo estaba pensando).

Segunda
El viejo lema la unión hace la fuerza no es solo una frase bonita, ya que a pesar del derrotismo y pesimismo imperantes, estos trabajadores nos han demostrado que sí se pueden torcer las intenciones de las empresas, aunque sean tan grandes y poderosas como FCC. Pero hay que lucharlo, arriesgándose y comprometiéndose… las protestas en la barra del bar no van a cambiar nada.

Tercera
Los denostados sindicatos han demostrado que, controlados por unos trabajadores comprometidos, siguen siendo instrumentos efectivos de lucha (preguntaros quién domina los medios de comunicación desde los que se machaca a estas organizaciones día sí y día también). En este conflicto UGT, CCOO y CGT no han cedido ni un ápice de las exigencias de la plantilla… pero para eso hay que estar dentro, y no delegar nuestras responsabilidades en otros.

Cuarta
El elevado índice de paro no es algo coyuntural, sino que es algo deseable para los que están dirigiendo esta transición económica, como ha quedado plenamente demostrado con el intento de reventar la huelga por parte de el Ayuntamiento de Madrid. Era condición sinequanon un elevado número de personas sin trabajo ni prestaciones para intentar esa maniobra.
Y por supuesto para mantener un escenario de bajos salarios y condiciones precarias, necesitan una gran bolsa de desempleados sin recursos… así que no esperen mejoras en el empleo a corto ni medio plazo.

Quinta
Ante el incremento del nivel de agresiones de ese gran capital personificado en las empresas, ya no son suficientes nuestras pequeñas huelgas de un día, las huelgas indefinidas, y sin servicios mínimos cuando estos se convierten en una forma de burlarla, son la única manera que nos queda de pararles los pies.
O esa, o coger el Kalashnikov, y no queremos llegar hasta ahí, ¿verdad?.

Raúl Martín Fernández

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